Prolegómenos

—¿No estás cansado de que nunca ocurra nada, Manuel? 

—¿Qué quieres decir, Roberto?

—Me refiero al mundo. No cambia. Llevamos décadas sin que ocurra nada digno de aparecer en los libros de historia.

Roberto y Manuel estaban en la sombra, resguardados del intenso sol andaluz.

fatalidad

—Todo esto es el prólogo de lo que está a punto de ocurrir.

—¿El prólogo?

—Sí, Manuel. Un anticipo caprichoso y macabro de una cadena de sucesos inevitables. Abre la mente, activa tu instinto, y ve más allá de lo que captan tus sentidos.

Esperaban el tren, mientras Roberto desvariaba, pronosticando un futuro inminente y fatídico. La espera se les estaba haciendo eterna, especialmente a Manuel, quien tenía que soportar los malos augurios de su compañero.

—Un evento nos pasará por encima, despiadado —continuó Roberto—. Como el tren que estamos esperando, está a punto de llegar, pero aún no lo vemos en la distancia.

—Llega tarde… —respondió Manuel.

—Pero llegará, atento.

Minutos después, el tren llegó a la estación.