Alguien no conocerá la niebla.
Ese alguien sabrá del rocío,
de la siempre madrugada
ausentándose del alba,
beberá el agua del almendro,
y cuando la sequía sea el frío,
verá cada tormenta
como un eterno nubarrón de arena.
Ese alguien se hará de corteza,
se armará de astillas
para talar su primavera,
la que le trajo las flores blancas
en los ramos de las dunas,
y toda la fruta prohibitiva,
la miel que quiso labios,
la piel que rozó el letargo.
