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Los otros. 50 aniversario de la muerte del Quico Sabaté (1ª parte)

Escrito por: Gonzalo Salvanés

Uno de los Otros: Francisco Sabaté Llopart. Conocido como “el Quico Sabaté” o, simplemente, “el Quico”. El pasado 5 de enero de 2010 se cumplieron 51 años de su muerte a tiros en Sant Celoni, mientras trataba, desesperadamente, de llegar a Barcelona. A su Barcelona.

El 28 de diciembre de 1959 se dirige a España pasando la frontera franco-española por Coustouges con cuatro compañeros leales, pero inexpertos: Antonio Miracle Guitart de 29 años, Rogelio Madrigal Torres de 27, Francisco Conesa Alcaraz, el mayor, de 39 años y el más joven, Martín Ruiz Montoya, de 20 años. El Quico acumula 45 años de audacia y de lucha incesante contra la tiranía. Será su última incursión.

En el lado español de la frontera, la Guardia Civil, alertada por los servicios de seguridad franceses, le espera con 300 agentes y con tropas de refuerzo en Albanya, Besalú y Beuda. Desplegados de tres en tres, su misión es vigilar los caminos, las encrucijadas, las entradas de los pueblos y, muy especialmente, las masías más o menos aisladas.

Manel Sabaté

Conocen bien los hábitos y la forma de actuar de Sabaté. Se les ha unido el comisario Quintela, ex jefe de la Brigada Político Social de Barcelona, su eterno enemigo, pese a estar jubilado y vivir en su Galicia natal.

Para entonces, Quico está separado de Leonor, su compañera de tantos años, que le ha dado dos hijas, Paquita y Alba. Su madre ha muerto, posiblemente de tristeza. Su hermano José ha caído abatido por los disparos de la policía en Barcelona, en 1949. Manel, el penúltimo de sus hermanos varones que quería ser torero, ha deseado emular a Francisco y a José. Tras un tímido intento, es condenado a muerte por un consejo de guerra y ejecutado el 24 de febrero de 1.950. En realidad su único delito fue ser un Sabaté. Su comportamiento tras la detención ha dejado un regusto amargo en Quico que no perdona debilidades.

La C.N.T. le ha dado la espalda al rebelarse contra sus decisiones, como se confirma en el Congreso de Vierzon de 1959, al que asiste. A partir de 1.953, la organización anarcosindicalista había desautorizado la lucha armada.

Pero la voluntad de Sabaté y su fe en la lucha  es inquebrantable como se desprende  de la carta que escribe, todavía convaleciente de una operación de estómago, a su compañero, Juan Bellés Estruch: “No olvides que después de trece años de luchas contra el franquismo no he dejado ni una hora de pensar y actuar para liberar al pueblo español de la feroz fiera que lo está aniquilando moral y físicamente. Por desgracia, a mí no han podido suprimirme las balas asesinas de la policía que tantas vidas generosas han destruido, pero mis fuerzas físicas me están abandonando… aún así no dejaré ni un minuto de mi vida, sin aportar a la lucha mi esfuerzo, por pequeño que sea… No creas amigo Belles que alguna vez olvidé a los que entre rejas estábais, te lo probaré a ti y a todos, mi vida no contaba, sólo me preocupaba la vuestra.”

Francisco se va enfrentar a un enemigo inesperado, más peligroso que el representado por la Guardia Civil y el comisario Quintela. Su medio, que tan bien conocía y en el que tan bien se desenvolvía, ya no existe. La España de 1.960 ya no es la de los años cuarenta. Se iniciaba una nueva época marcada por un alto crecimiento de las clases medias que están olvidando la Guerra Civil y sus conceptos y palabras más significativos: hambre, miseria, guerrilla, maquis… La lucha armada contra la dictadura, la injusticia y la opresión ha agotado el periodo de las bombas y las pistolas. Se inicia la etapa de la lucha política y social, de la “reconciliación nacional” proclamada por el Partido Comunista, de las huelgas laborales, de las protestas estudiantiles en las universidades, protagonizadas por los  hijos de la burguesía.

El Quico está preso de su propio anacronismo.
Es como un héroe de Sam Peckinpah

El Quico está preso de su propio anacronismo. Es como un héroe de Sam Peckinpah (1). Está suficientemente “justificado” para regresar a su casa (Barcelona), pero el nuevo escenario que no comprende o no quiere comprender, le va a arrollar (esa vieja máquina de vapor que no puede llegar a su destino si no es sustituida por una  eléctrica) o le va a conducir a la muerte (2).

El 4 de enero, tras pasar la frontera, la Guardia Civil les detecta y acorrala en la masía Mas Clara, a unos 50 kilómetros de la frontera, cercana a Banyoles. En el tiroteo posterior murieron sus cuatro compañeros.  Herido en un glúteo, el cuello y, gravemente, en una pierna, logró romper el cerco, matando de un tiro al teniente Francisco Fuentes de la Fuente e imitando su voz para abrirse paso entre los cuatro cordones de la Guardia Civil, que componen el cerco. Herido, aterido de frío y empapado por la fuerte lluvia, recorre unos 25 kilómetros a pie, hasta la estación de Fornells de la Selva. Encañonando al maquinista y al fogonero aborda la locomotora del tren expreso 1104, con la intención de ir hasta Barcelona. Son las 6 de la mañana del 5 de enero.

Su intención se torna imposible. El expreso no llega hasta Barcelona. En Massanet debe cambiar la vieja máquina de carbón por otra más moderna. Cambio que resultará fatídico. En la estación de Massanet-Massana salta a la locomotora eléctrica. Siente que se le escapa la vida por la herida de la pierna. Necesita ayuda médica profesional. Se apea cerca de Sant Celoni. Los ferroviarios aprovechan para delatarle.

Informado por una payesa, va en busca del Dr. Barri para que le atienda. En su periplo se topa con una persona, Francisco Berenguer, al que confunde con el chofer del médico. Descubriendo que va armado se produce un fuerte forcejeo entre ambos. En aquel momento aparecen los somatenes y falangistas Abel Rocha y Pepito Sivina con el sargento de la Guardia Civil, Antonio Martínez Collado, que habían sido alertados de la presencia de Sabaté en el pueblo.

Sabaté que continúa  su pelea con Berenguer, se gira instintivamente y descubre a Rocha que, adelantado a sus compañeros, se le aproxima. Le dispara dos veces. La primera bala le acierta en una rodilla. La segunda, en el pecho, es detenida milagrosamente por una granada que llevaba en el bolsillo de la camisa,  y, que, curiosamente, no estalló. Rocha descargó las treinta balas del cargador completo de su naranjero sobre “el Quico” que se desploma muerto. Pepito Sivina, alias “mataperros” (desde entonces algunos le cambiaron el sobrenombre por el de “matamuertos”), en un acto heroico digno de mención, aprovechó para disparar sobre el cadáver y desfigurar el rostro de Sabaté. Esto le permitió, durante años, presumir de haberle rematado. Eran las ocho de la mañana del 5 de Enero de 1.960 (3).  

Algunos rasgos sobre su vida

Francés Sabaté Llopart, nació el 30 de Marzo de 1.915 en Hospitalet de Llobregat, en el seno de una familia humilde. Hijo de Manel, guardia municipal y de Madrona, fue el segundo de cinco hermanos. El mayor, Josep, su compañero entrañable, le inicio en la ideología libertaria. Murió tras un enfrentamiento con la policía, en Barcelona, en el año 1.949. En el tiroteo muere también el policía Luis García Dagas. Manel, el antepenúltimo de los varones, tal como hemos citado con anterioridad, fue ejecutado a resultas de un consejo de guerra el 24 de febrero de 1.950.

Quico fue un niño inquieto,
nada convencional

Quico fue un niño inquieto, nada convencional. Para intentar corregirle sus padres le internan en la Fundación Duran, en realidad un reformatorio en el que las condiciones y el trato eran insoportables. Como era de esperar, se fuga, regresa a su casa y, con diez años, empieza a trabajar de aprendiz de fontanero.

Antes de los 17 años ya es un militante activo de la CNT-FAI (Confederación Nacional del Trabajo/Federación Anarquista Ibérica). Funda el grupo de acción libertaria “Los Novatos”, con sus amigos y su hermano Josep. Comienza su gimnasia revolucionaria y el inicio del mito y la leyenda del “Quico” indomable, que se va forjando entre los últimos años de la monarquía y los años republicanos anteriores a la guerra civil. Acusan al gobierno republicano de traicionar y perseguir a los militantes anarquistas.

 Cree firmemente en la idea libertaria y ya no renunciará nunca a ella. Se prepara para una revolución que cree posible y próxima. Sus actividades se compaginan con el trabajo, así lo hará toda su vida, como sus mayores, Durruti, Ascaso, García Oliver, Diego Abad,… No hay “liberados” en el movimiento libertario.

Durante el intento del golpe de estado militar del 36, defiende con éxito y con las armas la legalidad republicana en Barcelona, donde pierden la vida más de cuatrocientos confederados anarquistas. En agosto, se incorpora al frente de Aragón en una columna anarquista organizada por García Oliver.

En el 38, las contradicciones entre anarquistas, poumistas y comunistas se han agudizado hasta llegar a enfrentamientos armados. En este contexto, Quico es acusado del asesinato de Ariño, su comisario político, comunista, en el frente de Teruel. No le queda otra opción que abandonar el frente y huir a Barcelona para refugiarse entre sus compañeros ideológicos. Vive en la clandestinidad para evitar ser detenido por los agentes del Servicio de Información Militar y enviado a una checa que podría conducirle a la tortura y a la muerte.

Pero no permanece ocioso. Participa en algunas acciones de liberación de compañeros detenidos, encomendadas por el Comité Revolucionario, hasta que es delatado, detenido e internado en una prisión barcelonesa. Trasladado a una cárcel de Vich, consigue huir gracias a la complicidad de Leonor, su compañera. Nuevamente va al frente, enrolado en la 26 División al mando de su camarada Ricardo Sanz de ideología anarquista, sustituto de Buenaventura Durruti, muerto en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid. Aquí está seguro, pero quedaban pocos meses de guerra. A principios de febrero, Quico, como tantos otros, tiene que exiliarse en Francia.

NOTAS:

(1). Leonor Castell, su compañera de tantos años, describe perfectamente la subordinación y la renuncia  de todo por la tarea revolucionaria, cuando Quico marcha a defender Barcelona del golpe militar en julio del 36: “Me acuerdo como si fuera ahora. Después de muchos días de reuniones, sin dormir y casi sin comer, un día por la madrugada los compañeros lo vinieron a buscar a nuestra casita que ya nos habíamos organizado con esfuerzo y amor. Francisco, activo y valeroso, se fue de mi lado, casi podría decir para siempre… La Revolución estaba en marcha; Francisco me abrazó, yo le estreché entre mis brazos y se marchó…

(2). Lucio Urtubia que había convivido varios años con él, pese a ser mucho más joven e inexperto le desaconsejó este último viaje a España. No existían ya las bases de operaciones necesarias en la península y él estaba plenamente identificado por las fuerzas represivas.

(3). En el capítulo “La muerte” del libro Sabaté. Guerrilla urbana en España, Antonio Téllez hace una descripción detallada del cerco, persecución y muerte del Quico y de su grupo.

Bibliografía
  • El Día D. La Batalla de Normandía. Antony Beevor. Editorial Crítica. 2009. 
  • Hace 50 años que el guerrillero antifranquista Quico Sabaté murió abatido a tiros. El Periódico.com.06.01.2010.
  • “Quico Sabaté, el último guerrillero”. Pilar Eyre. Ediciones Península. Barcelona.
  • Quico Sabaté, el penúltimo guerrillero. Francisco Arroyo. El País.com. 06.10.2000.
  • La Revolución en el tejado. Autobiografía. Lucio Urtubia. Editorial Txalaparta.
  • Sabaté. Guerrilla urbana en España (1945- 1960). Antonio Téllez Solá. Editorial Virus.
  • Sabaté, guerrillero de película. Pedro Costa. El País Semanal. 17,01,2010.
  • Tierra y Libertad. Cien años de anarquismo en España. Coordinador: Julián Casanova. Editorial Crítica.
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3 Comentarios

  1. Tiempo de ideales que vemos con tristeza , como una pintura difuminada en la bruma del atardecer.Cuánto hemos cambiado !Cuánto nos han cambiado! Qué lejos tanta sangre, tanto dolor inutil Los ojos de tantos heroes nos miran con melancolia.

  2. No se ha cambiado tanto, sólo que ahora, a los que pelean contra las dictaduras y las injusticias los llaman terroristas. Como entonces a Sabaté. Los heroes siguen teniendo los ojos bien vivos, pero la gente prefiere mirar hacia otro lado. Como entonces con Sabaté. Todos creemos que en determinados tiempos seríamos de la lucha antifranquista o de la resistencia contra la Stasi, pero lo cierto es que en esos tiempo sólo seríamos lo que somos ahora, gente que mira para otro lado mientras los perros se comen a los héroes. Sólo cuando la historia cambia el signo, aparecen luchadores hasta debajo de las piedras, cuando el destino final no era la muerte o la tortura sino el aplauso fácil. Nada cambia, sólo vemos el pasado como queremos verlo y procuramos que no nos pringue el presente.

  3. Da pavor echar la vista atrás y ver cómo las cosas siguen casi en el mismo punto, con aromas de modernidad hoy por la presunta democracia. Resulta patético comprobar cómo los verdaderos amos de todo: los grandes capitales y los mercados, antes ocultos, más tarde solapados, y ahora evidentes (FMI, RF, BCE, etc.), se han servido de diversos fanatismos a lo largo de la Historia (aquí: dios-patria-rey, una-grande-libre, etc.) para encandilar a la carne de cañón de una u otra ideología y hacerla combatir hasta la ira y hasta la muerte para beneficio propio.

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