OCA GLACIACION

Filosofía: El diván de Mr. Fábula

Escrito por: Jacobo Henar. Profesor de Filosofía. Universidad de Zaragoza.

Nuestro profesor de Filosofía “on line” responde a la primera cuestión que le plantea Mr. Fábula (otras muchas le seguirán) …

¿A qué responde el instinto social del sapiens? … Y nuestra eterna insatisfacción, ¿a qué se debe?

sapiensHabitualmente, se tiende a pensar en el logro humano de generar fuego desde una perspectiva fisiológica. El fuego supuso un cambio en aspectos técnicos y alimenticios que derivaron en la consecuente aceleración evolutiva, pero también tuvo gran importancia en el plano social. Así, el fuego ofrecía seguridad y protección en los asentamientos y la necesidad de cuidarlo se convertía en algo prioritario. Esta cuestión junto a otras como la elaboración de útiles, la caza o los desplazamientos reforzó la idea de grupo como una necesidad en la evolución humana. De esta forma, se fueron desarrollando caracteres sociales básicos como las pautas de cooperación, la diversificación de actividades y la consecuente aparición de diferentes roles sociales.

Tanto la antropología como la biología insisten en la inexistencia de una naturaleza humana fija y acabada ya que el ser humano va construyendo su propia naturaleza en relación con las formas culturales y sociales en las que se desenvuelve. De esta forma, se contraponen los conceptos de “naturaleza”, como algo innato o que se desarrolla en el estado embrionario, y “cultura”, como aquello adquirido por aprendizaje social. No obstante, ambos términos opuestos deben ser complementarios para permitir el desarrollo equilibrado del individuo en sociedad.

Es por eso que cada uno de nosotros tiene una doble identidad. Por una parte, la identidad social hace referencia a los roles que la sociedad atribuye al individuo -sin olvidar que el propio individuo es parte de esa sociedad y, por tanto, él mismo puede adjudicarse un papel que le defina en relación con el “otro” y con el resto de la sociedad creando un sentimiento de pertenencia-. Por otra, la identidad personal es entendida como un sentimiento individual con características únicas respecto de los demás y que configura una idea de lo que somos, una idea de nuestro propio ser.

diferenciacionEl origen de la conciencia de nosotros mismos está vinculado a nuestra relación con los demás en la sociedad y en la cultura en la que crecemos y nos educamos, por lo que la personalidad es una construcción social. Sin embargo, esto no quiere decir que el individuo, una vez formada su personalidad, no posea libertad para definir quién es. Ahora bien, construirse a sí mismo, como cualquier otra cuestión que analicemos, no se hace de manera absoluta. El aprendizaje social al que el ser humano se ve sometido consigue que cada individuo asimile desde la infancia pautas de comportamiento establecidas que se ubicarán entre los parámetros de “normalidad” de dicha sociedad. El arraigo de los conocimientos aprendidos y la rutina con los que se mecaniza de manera constante desde la infancia en ciertas ocasiones, produce que el individuo ejecute acciones muy cercanas a lo que de manera natural es conocido como “instinto”. No obstante, el instinto social siempre se ha desplazado temporal y espacialmente, en mayor o menor grado,  incluso en la situación global actual.

Y es precisamente esto último lo que pone de manifiesto que la respuesta ante el estímulo social viene determinada por la relación de pertenencia (o no) establecida entre las esferas social e individual. Nuestro contingente libertad puede aumentar o disminuir según se establezcan estas relaciones, pero lo que parece obvio es que pertenecer a una cultura determinada nos prefija en una proporción substancial.

Por lo que también parece claro que los niveles de insatisfacción del sapiens son del todo relativos. Por una parte, el intento de crear nuestra propia identidad en un mundo en el que las reglas del juego establecidas se sienten del todo ajenas propicia que nuestra construcción personal resulte compleja incluso en cada elección cotidiana. Si bien, esta insatisfacción también puede sentirse desde el otro lado de la barrera. Así, aunque la cultura contemporánea se sirve de una maquiavélica maquinaria de propaganda que aplasta las libertades mentales de los individuos y las metas preestablecidas no parecen inalcanzables siempre que se cumplan los pasos establecidos, el hecho de no conseguir estas metas compartidas por la mayoría sumerge al individuo en un fracaso socialmente aceptado y democratizado.

Hoy más que nunca se torna imprescindible construirnos desde la diferencia.

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