OCA GLACIACION

Opinión: Quitarnos el pie de encima

Escrito por: Ricardo.

Un espléndido artículo de José C. García Fajardo, profesor de Ciencias de la Información y miembro de “Solidaridad para el desarrollo”, me ha sugerido este comentario.
El artículo se titula “¿Ayuda humanitaria o justicia?”. Subrayé una frase de Julius Neyrere, expresidente de Tanzania, que pronunció dirigiéndose a una comisión de donantes de países del Norte: “Por favor, no nos echen una mano. ¡Quítennos el pie de encima!”.
ayuda humanitariaTambién hoy la entera población de los países pobres del Sur se agolpa a la puerta de nuestra casa del norte, esperando ser curados de sus males. Lo expresaron así Yaguine Koita y Fodé Tounkara, aquellos muchachos de Guinea-Conakry que murieron congelados en el tren de aterrizaje del avión que les conducía a la esperanza: “Señores miembros y responsables de Europa. Es a su solidaridad y a su bondad a las que gritamos para el socorro de África”.
Nosotros respondemos a la llamada de los pueblos pobres con la cerrazón de los corazones y de las fronteras. No parece que al mundo necesitado le quepa esperar algo de los humanos ricos y cristianos del norte.
“A Europa le falta desarrollar la razón compasiva” (Jon Sobrino).
Nos falta una compasión eficaz, que se traduzca en la curación real de los males de nuestro mundo. Ya está bien de explotación, de mentiras y de falsos problemas.
África es un continente rico en pueblos, culturas y civilizaciones, en tierras de grandes recursos naturales, bosques y una fauna que florece espectacularmente por doquier. Si pagáramos el precio justo por las materias primas que expoliamos; si se impusiera un embargo absoluto en la venta de armas de países de la ONU a los estados africanos; si detuviéramos la instalación de fábricas sucursales del Norte con el único fin de explotar la mano de obra barata y sin seguridad social alguna; si reconociéramos que la deuda externa ya está pagada con creces; si lleváramos a Tribunales Penales Internacionales a las multinacionales y potencias corruptoras, así como a los dirigentes corruptos de esos países; y, finalmente, si cooperáramos, en situación de igualdad, con esos pueblos, para ayudar en un desarrollo de acuerdo con sus idiosincracias y culturas, estaríamos contribuyendo a una verdadera y justa actitud humanitaria y humana, que va más allá de una mera y esporádica  ayuda económica.
Ojalá todos, y más los creyentes, nos movilizásemos en esta dirección.

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