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Hablemos de yoga: “El estómago irritable. Cuando el estrés sabe malo”

Escrito por: Redacción

El miedo y el estrés pueden desencadenar unas reacciones fisiológicas que, a la larga, podrían afectar a nuestro organismo. Por ejemplo, la gastritis puede deberse a situaciones de estrés prolongadas. Produce molestias como el dolor de estómago, una sensación de pesadez en el abdomen alto o espasmos estomacales, y suele ir de la mano de alteraciones orgánicas. Aun así alrededor de la mitad de las personas que sufren de estos síntomas padece de una dispepsia funcional, también llamada (síndrome del estómago irritable).

Al contrario de la gastritis, esta afección no conlleva alteraciones orgánicas, lo que complica el diagnóstico. La gastritis es una inflamación de la mucosa que recubre el interior del estómago y que puede estar relacionada con la presencia de la bacteria Helicobacter pylori. El estómago irritable, o nervioso, a menudo es particularmente sensible.

Ahora os preguntaréis que tiene que ver esto con la página de Yoga, ¡pues mucho!, ya hemos hablado en otras ocasiones sobre la importancia del Yoga Psicofísico con las asanas (posturas), hacemos que cualquier problema físico sea más leve, no se puede decir con esto que una enfermedad la cure, pero si nos ayuda muchísimo como es evitar dolores, traumas e incluso parar la enfermedad. Una calidad de vida es esencial.

Si ese problema estomacal se agrava has de ir al médico, para que si no existe un diagnóstico, el profesional sea el que nos lo explique. Después del diagnóstico, es cuando puedes unir ese tratamiento con los ejercidos de Yoga, esas asanas indicadas para el abdomen, siempre si no entiendes, ve a un profesional del mismo.

El yoga psicofísico con las asanas (posturas),
hace que cualquier problema físico sea más leve

Dedica 10 min. del día ve combinando ejercicios sin forzar la zona agravada, y verás cómo notas una mejora notoria. Túmbate en posición Prona. Cierra las manos en puño y colócalas debajo de las caderas, justo encima de la ingle. Apoya la barbilla en el suelo, siente tu nuca que permanece relajada y respira tranquilamente por la nariz. Mientras exhalas, levanta las piernas unos 15 centímetros sobre el suelo, mantén esta postura de uno a dos minutos. Respira con tranquilidad, mientras exhalas vuelve a sentarte sobre tus talones. Muévete lentamente y respira a gusto. De uno a tres minutos. Con el tiempo, puedes llegar a practicar este ejercicio durante unos minutos. A continuación bajas las piernas lentamente, gira la cabe/a hacia un lado y descansa con los brazos y manos sueltas al lado del cuerpo.

 

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